Primero lo primero: del ser al tener

Usualmente cuando pensamos en nuestro bienestar financiero nos solemos enfocar en todo aquello que queremos tener: la casa, el auto, los viajes, la TV 100 pulgadas, etcétera.

Luego pensamos qué es lo que tengo que hacer para conseguir estas cosas. Quizás tenga que conseguir un trabajo donde me paguen más o uno donde con el tiempo aumenten mis ingresos.

Teniendo presente lo que tengo que hacer, no me voy a preocupar mucho en lo que realmente quiero ser. Como mi foco está en lo que quiero tener, no importa tanto entender qué es lo que me mueve interiormente, mis anhelos, mi esencia.

El esquema de pensamiento hoy, en líneas generales, es: tener-hacer-ser.

Estamos poniendo el carro delante de los bueyes, empezamos por el final de la película y no por el principio.

Si yo me enfoco en conocerme a mí mismo y preguntarme qué es lo que me mueve, qué es lo que me motiva, qué es aquello que me hace sentir realizado, voy a entender qué quiero ser. Es algo independiente a una carrera o a un trabajo.

Por ejemplo, yo podría darme cuenta de que me siento realizado cuando ayudo a los demás o cuando recibo reconocimiento o cuando creo cosas.

Recién, luego de entender qué es lo que quiero ser, voy a entender lo que tengo que hacer. Eso puede implicar entender en qué tengo que trabajar o estudiar, pero también puede implicar entender en dónde estoy parado hoy y hacia dónde quiero ir.

Todo esto termina en que voy a tener cosas, pero van a llegar solas en función de lo anterior. Van a ser una consecuencia de estar haciendo lo que está alineado con mi propósito personal y no lo contrario.

Entonces, tenemos que cambiar la forma de pensar e ir a un esquema: ser-hacer-tener.

Sé del caso de un amigo que desde que lo conozco sueña con tener su casa propia, a tal punto que ha saltado de trabajo en trabajo persiguiendo más dinero toda su vida, habiendo hecho todo tipo de tareas.

Gran parte de lo ganado iba a para ese objetivo financiero de la casa, su foco estaba en el tener.

Nunca se preocupó de trabajar en cosas que le gustaran o hacer aquello que estuviera alineado a sus fortalezas, terminaba siempre en lo que le pagara mejor, el tener marcaba el hacer.

Un día, luego de unos cuantos años, se compró la casa de sus sueños. Al principio todo era color de rosas, pero al tiempo las cosas cambiaron, a pesar de haber conseguido su superobjetivo comenzó a sentir un vacío en su vida.

Comenzó a importarle el hecho de que su trabajo no le gustara, cosa que antes no pasaba, porque si bien nunca estuvo a gusto, el objetivo de tener la casa era más fuerte.

Con el tiempo cayó en una depresión que le terminó costando el matrimonio y la casa. Ahora anda por la vida buscando un rumbo a los cuarenta y largos años.

Mi amigo se enfocó en el tener, lo que le dio la pauta de lo que tenía que hacer y se olvidó de saber que tenía que ser.

Si se hubiera enfocado en lo que tenía que ser, esto no hubiera pasado y quizás hubiera terminado con la casa de su sueños de todas formas.

Sé que suena un poco fuera de contexto para ser un libro de finanzas, pero es que creo que el enfoque de un plan financiero personal debe ser holístico, contemplar todos los aspectos de nuestra realidad. No se trata solo de dinero, se trata de una forma de ver nuestra vida que tiene que tener como centro nuestra felicidad.

No conozco a nadie que haya construido un plan financiero personal en el cual consiguió sus objetivos que esté enfocado en el tener. En otras palabras, no conozco a nadie que le haya ido bien y que esté haciendo algo que no le gusta o que no esté alineado con sus valores y principios más íntimos.

No me refiero a gente que heredó millones, sino a personas que lograron hacerse así mismos a partir de situaciones desventajosas.

Esto demanda que nuestro primer paso, entonces, sea entender nuestro propósito personal, cosa que nos puede llevar mucho tiempo descubrir, pero que cuando lo encontremos todo tomará sentido y sabré exactamente qué quiero ser.

¿Hay alguna característica más que tengan aquellas personas que tienen éxito en lo financiero de las que no?

Pues sí, hay una y puedo decir que es quizás es la más importante todas.

Las personas que tienen éxito financiero asumen la responsabilidad de lo que les pasa, saben que son dueños de su destino.

Esto no quiere decir que tengan superpoderes y puedan evitar una crisis financiera internacional que los haga perder dinero. Pero lo que nunca hacen es poner la responsabilidad fuera y comenzar a quejarse de lo que pasa.

La queja es un agujero negro de energía. Cuándo me estoy quejando, lo que estoy haciendo es gastar mi tiempo y foco en buscar un culpable. Y la realidad es que eso no me acerca más a mis objetivos, de hecho me aleja.

Si gasto tiempo en quejarme, es tiempo en el que no hago nada en pro de avanzar hacia mi meta.

No conozco a nadie exitoso que se esté quejando todo el tiempo y en cambio sí conozco a mucha gente estancada que se la pasa todo el tiempo quejándose.

La queja no sirve de nada, es un hábito negativo que deberíamos de erradicar de nuestra vida lo antes posible.

Asumir la responsabilidad y no quejarse no quiere decir que no nos van a pasar cosas injustas. ¡Pues sí pasarán! No confundamos reclamar con quejarse. En un caso es luchar por nuestros derechos siempre que puedo cambiar algo, en otro caso es simplemente hacer catarsis porque nada puedo lograr.

Aceptar que no controlamos el destino y que cosas malas pueden pasar es una tarea ardua, pero es la realidad y la queja no es la mejor terapia para superarlo.

Quizás en algunas ocasiones la queja es fruto de notar una situación de desigualdad de posibilidades entre otras personas y nosotros. Si nacimos en una familia de clase media, fuimos a la educación pública y a los 18 años comenzamos a trabajar para poder pagarnos los estudios, seguramente nuestro camino va a ser más dificultoso que si nacimos con muchos recursos, fuimos al mejor colegio privado y heredamos una fortuna que nos deja bien parados de por vida.

La realidad es que en la vida nos toca nacer en desigualdad de condiciones y algunos la van a tener mucho más fácil que nosotros. Nada podemos hacer al respecto más que aceptarlo.

Partir de que somos responsables de nuestro destino implica dejar de mirar hacia el costado y comenzar a mirar solo hacia adelante.

Enfocarnos en aquellas cosas que podemos hacer nosotros mismos. No podemos cambiar donde nacimos, no podemos cambiar nuestro pasado, pero eso no quita que no podamos construir nuestro futuro. De hecho lo único sobre lo que tenemos control es el ahora y es a partir de las cosas que hacemos.

Si logramos asumir esa sensación de responsabilidad sobre nosotros mismos y dejamos de enfocarnos en los demás, ya tenemos gran parte del cambio de actitud que se necesita para conseguir los objetivos.

Entonces, las tres habilidades que necesitamos cultivar para avanzar en nuestro camino financiero son: no demonizar ni glorificar el dinero, conocernos a nosotros mismos y saber cuál es nuestro propósito, y completamos con tomar la responsabilidad de lo que nos pasa y no quejarnos de lo externo, lo que no podemos controlar.

Con estas herramientas podemos seguir definiendo nuestro recorrido.

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