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RESUR

Como tantas cosas, RESUR no surge de un día para otro. Los caminos de Ana
de León y Paola Albe -sus fundadoras- fueron convergiendo en esa dirección a partir de pequeñas grandes decisiones que tomaron en diferentes momentos de sus vidas; el compromiso de ambas con la sostenibilidad ambiental es de muchos años.

RUTA 10 Upcycling, que es la empresa de Ana, nace en el 2012, a partir de la loca idea de transformar residuos contaminantes de cámaras de neumáticos en bolsos y complementos. A su vez, la familia de Paola clasifica la basura desde los años setenta. Se hizo vegetariana en los ochenta, y cuando salió de la Facultad, a principios de la década de los noventa, ya era decididamente ecologista.

En el 2015, Ana presentó su proyecto al Fondo Emprendedores Innovadores de ANII. Paola fue su tutora desde
la Institución Patrocinadora y desde ese rol se involucró en el proyecto. La vocación social también latía en ambas: mientras una estaba convencida que una empresa social podía ser rentable 
y quería demostrarlo -pensaba que podía trabajar con madres solteras de contextos vulnerables, enseñarles a hacer las carteras y luego contratarlas- la otra, daba talleres de comportamiento emprendedor en el COMCAR. Y así se lanzan con el proyecto de llevar RUTA 10 a la cárcel.

Al año siguiente, presentan un segundo proyecto, con el objetivo de instalar RUTA 10 en la cárcel de Maldonado: “la agencia nos apoyó nuevamente -explican- y durante el 2017, fuimos de lunes a viernes a la cárcel, mañana y tarde, a enseñar a las personas privadas de libertad a fabricar sus carteras y otros productos. Fue un viaje intenso, que da para escribir cientos de páginas.”

Esta experiencia dejó huella y ambas decidieron generar una red de emprendimientos sostenibles que pudieran instalar sus talleres en todas las cárceles del país, generando trabajo digno, posicionando el diseño uruguayo y expandiendo el mensaje de nuestra responsabilidad para con la Tierra: así nació RESUR.

¿Cuál es la propuesta?

RESUR es una red de emprendimientos de diseño. La conforman marcas uruguayas de diseño sostenible o que desean apostar a la sostenibilidad, que se integran en diferentes modalidades de membresía.

El compromiso mayor lo tienen los miembros plenos, que se involucran en todo el proceso de capacitación de las personas privadas de libertad, y conforman su propio equipo de trabajo dentro de una cárcel. 

 

Los miembros asociados son marcas que eligen producir de manera sostenible desde una cárcel donde hay talleres de RESUR, y encargan a RESUR la fabricación de sus diferentes colecciones. 

 

Finalmente los socios comerciales, son marcas que comparten el propósito de RESUR, y que eligen ofrecer sus productos a través de los canales de la RED, pudiendo o no, confeccionar desde la cárcel. 

 

En todos los casos, las marcas se identifican como integrantes de la

RED, y RESUR las reconoce y comunica como tales. Además, todas se comprometen a transitar un camino de sostenibilidad creciente, de acuerdo a las pautas del sello RESUR.

Si bien se viene hablando de moda sostenible desde

hace algunos años, parecería que en uruguay este año las marcas están más comprometidas, incorporando prendas ecológicas, evitando producciones masivas y apostando a un cambio en el consumo. ¿cómo han visto esta evolución?

Entendemos que se aceleró a causa de la pandemia, tanto por aspectos de solidaridad social, como de conciencia ambiental. Por un lado, muchas personas se dan cuenta de que consumir local y a empresas pequeñas, contribuye a la sostenibilidad económica de la comunidad en la que vivimos, y más en épocas críticas. Y por otro, la emergencia sanitaria nos hizo darnos cuenta de que llevamos al planeta a un límite, y que ya es más que urgente tomar acción.

¿Cómo está uruguay respecto al resto del mundo?

Dependiendo con qué partes del mundo nos comparemos, podemos decirnos “atrasados” o “a ritmo”. Sin duda no somos adelantados.
La sostenibilidad ambiental es una preocupación en las sociedades desarrolladas desde hace décadas. Tal vez porque tuvieron antes los problemas que nosotros tenemos ahora.

Lo que vemos como positivo en Uruguay es que se ha reaccionado rápido en los últimos años. Tanto desde el sector privado (en este caso, diseñadores, pero también en otros rubros) como desde el sector público (programas como Uruguay Circular, BIOVALOR, entre otros), hay intenciones y acciones concretas tendientes a mitigar y remediar el impacto ambiental causado por la actividad humana.

¿Producir prendas sustentables eleva el costo final de cada producto o es un mito?

En general sí. Aunque tal vez haya excepciones. Por un lado, las telas
con certificación ambiental (recicladas u orgánicas) son importadas y, por ende, muy caras. Y si te ponés a pensar en la huella de carbono que implica traer las telas de China o de la India, lo sostenible termina siendo relativo.

En Uruguay se producen pocas telas con estas características pero por suerte están surgiendo algunas opciones. Otra opción es reciclar artesanalmente desechos textiles. En este caso, el material es barato pero el tiempo de confección es más largo, porque no producís en serie. Te puede llevar más tiempo recuperar un material (higienizar y sanitizar, descoser, planchar y acondicionar paños) que la confección en sí.

 

Otros insumos, como las tintas ecológicas para estampar, también son caros y la oferta local es muy escasa. Si hacés eco-print, tenés un proceso artesanal de muchas horas y eso obviamente tiene un peso en el costo.

 

Si lo mirás desde otro ángulo, una prenda sostenible tiene que ser una prenda duradera, y en un contexto de consumo racional, deberías terminar comprando menos prendas, ya que podrías seguir usando cada una durante mucho más tiempo. Por lo tanto, no sería más caro, al contrario, desde ese punto de vista, seguramente termina siendo más económico para el consumidor comprar por 4 o 5 mil pesos un pantalón que te dura cuatro años en buen estado que comprar por 900 pesos uno que al quinto lavado está totalmente deteriorado.

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¿Cuáles son los principales desafíos que se le presentan a una marca que quiere ser 100% sostenible?

Siempre hablando de la industria de la moda entendemos que los principales son: las materias primas, los procesos productivos y el tamaño del mercado de consumidores conscientes.

 

Lo de las materias primas lo decíamos antes: la mayoría de las recicladas u orgánicas son importadas, y si la marca se pone a recuperar materiales textiles, se encarece la mano de obra. Acá hay un desafío planteado para toda la industria nacional que entendemos se resuelve colaborativamente y de forma coordinada, porque en la medida en que las marcas de diseño demanden ese tipo de telas, las fábricas verán el potencial de comenzar a producirlas.

En cuanto a los procesos productivos hay tres puntos a tener en cuenta:

1- Hay un desafío en la etapa de diseño para lograr el aprovechamiento máximo de las telas y demás materiales para reducir el desperdicio. Ese ya es abordado por muchas diseñadoras y diseñadores y no implica mayores costos sino más bien creatividad. Después hay un tema de montar sistemas de energías renovables, aprovechamiento de agua de lluvia y demás en los talleres, que siempre implica una inversión importante que cuando una marca inicia no puede hacer. Aquí también tiene un lugar la economía colaborativa que es un poco la idea de RESUR: compartir recursos para llegar donde no se puede llegar individualmente.

​2-  Hay un segundo punto que es un tema de eficiencia y calidad. Se compite con fábricas que manejan alta tecnología y que logran productos de gran calidad más rápido y a menor costo. Entendemos que sin perder la terminación artesanal y los ritmos humanos de trabajo, la incorporación de ciertas tecnologías es fundamental para superar algunas barreras de este tipo.

3- Finalmente, y como tercer punto, el mercado. Si bien crece mucho año a año, el segmento de consumidores conscientes todavía es relativamente pequeño en relación al mercado total de la industria de la moda, y son cada vez más marcas que se disputan un lugar en él, por lo que a veces se hace difícil llegar al punto de equilibrio.

 

¿Cuáles son las marcas que forman parte de la red RESUR y cuál es el proceso para ser parte?

Actualmente integran la red RUTA 10 Upcycling, Universo 1920 y María Bouvier y, está en proceso de integración, Ame y dos marcas más, con las que estamos trabajando aspectos formales, para resolver su incorporación. A su vez hay una marca de plaza muy importante y consolidada, que de hecho ya es parte de RESUR hace varios meses pero que al no haber podido ingresar a producir en la cárcel por la pandemia decidimos no dar a conocer, porque queremos realizar una verdadera celebración cuando sea pública su integración.

 

El proceso por ahora es acercarse a nuestra organización y expresar el interés. Lo primero es un intercambio casi filosófico, respecto a valores

y propósitos en los que tenemos que coincidir. Hemos desarrollado un Sello que pauta un camino a transitar hacia la sostenibilidad ambiental, social y económica, y la marca debe estar dispuesta a transitarlo. Y como dijimos antes, tenemos una serie de modalidades de integración, y cada marca analiza cuál es el grado de involucramiento que desea tener con el proyecto.

Hablar del cuidado del medio ambiente, nuestras acciones y nuestra forma de mirar el mundo es hablar de empatía con nuestro entorno y el prójimo. desde resur van un poco más allá, capacitando a personas privadas de libertad. ¿cuál es exactamente esta propuesta y cómo la llevan a cabo? ¿qué resultados vienen obteniendo?

Hasta ahora dictamos talleres de corte y confección y marroquinería en caucho. En breve comenzaremos con talleres de packaging reciclado, artículos de decoración, serigrafía, tejido y telares.

 

Se dictan clases de lunes a viernes, entre 4 y 6 horas diarias, dependiendo de la cárcel. Los grupos de nivel inicial van 1 o 2 veces por semana, los intermedios 3 o 4 y los avanzados van todos los días. Son grupos pequeños, con 8 personas por docente, de modo que el aprendizaje es personalizado y 100% práctico. Regularmente los grupos son evaluados y se va promoviendo a las personas con más habilidades y que avanzan más rápido, a grupos de nivel superior. Pero en tanto las personas tengan un comportamiento adecuado, se les permite seguir en el taller aunque no sean muy hábiles y avancen lentamente. Los talleres funcionan un poco como escuelas rurales, donde pueden convivir personas de diferente nivel de aprendizaje. Al ser grupos pequeños, las docentes pueden manejar bien este proceso personalizado.

 

Nuestro propósito fundamental, que no siempre se comprende, es cambiar el aquí y ahora de esas personas. Suele pensarse que estamos trabajando para el futuro, para cuando esas personas salgan en libertad. Eso también es cierto, pero lo más importante es lo que ocurre mientras tanto. Dice Anne Dilliard, una escritora norteamericana: “Como usamos nuestros días, es, por supuesto, como usamos nuestra vida. Lo

que hacemos con esta hora, y con esa otra, es lo que estamos haciendo.” (How we spend our days is, of course, how we spend our lives. What we do with this hour, and that one, is what we are doing). Eso lo tenemos presente todo el tiempo.

 

Para cualquier persona privada de libertad, salir 2, 4 o 6 horas de la celda para estar en un taller, donde hay un buen ambiente de trabajo y donde está aprendiendo algo que muchas veces termina encantándole, hace una diferencia abismal. Se produce un crecimiento. No solamente técnico, sino integral. En los grupos que llevan muchos meses de capacitación se ve con claridad el compañerismo, la solidaridad, el respeto entre sí y para con las docentes, y fundamentalmente el deseo de superación. Chicos o chicas que entraron al taller “a ver qué es” y para redimir pena (o sea, que les acorten la condena), muchas veces terminan súper comprometidos porque encuentran un oficio que les gusta y para el que tienen habilidad.

 

Por eso nuestra intención es seguir ampliando y diversificando las

propuestas de formación a diferentes rubros, para que más personas

encuentren un oficio que les apasione.

Hasta ahora pasaron por los talleres de Maldonado y Punta de Rieles unas 350 personas privadas de libertad. En 2020 estuvimos con bastantes complicaciones por la pandemia, y durante algunos meses no pudimos dictar talleres. Pero en ambas cárceles ya hay personas que están terminando la formación y eso les permitirá pasar a la etapa productiva, donde se les paga por su trabajo de acuerdo a los laudos del sector.

¿Cuál es su mirada sobre 2021?

¡De esperanza! Si no la tuviéramos, no podríamos seguir adelante, porque este es un proyecto sumamente complejo por la cantidad de actores que articula y por el propio contexto, por lo que cualquier dificultad normal se magnifica. La pandemia fue un golpe duro porque nos hizo perder continuidad en la formación. Pero confiamos que como sociedad vamos a superar esta situación y podremos continuar avanzando.

 

Algo que cualquier marca vinculada a la sostenibilidad debe haber notado es esa explosión a la que se hizo referencia al principio, dado que la conciencia se viene expandiendo y eso nos abre una oportunidad.

Para esta primavera tenemos en agenda un evento de alto alcance para el lanzamiento de la Primera Colección RESUR, 100% confeccionada en las cárceles. Todavía no queremos adelantar mucha información, pero aspiramos a que sea un evento memorable, del que se hablará por mucho tiempo.